DE LA ACCIÓN A LA CONTEMPLACIÓN

JESÚS A. CAÑAS / LA VOZ

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En la capilla, una voz molesta su rezo. «Don Antonio, es una llamada desde Cádiz», le indica uno de los trabajadores de la residencia de las Hermanitas de los Pobres. Al otro lado del teléfono, Cádiz, su casa en los últimos 17 años, se acuerda de Antonio Ceballos Atienza, ya obispo emérito. «Le llamo para saber cómo vivirá este Semana Santa lejos de su Diócesis», le cuestiona un periodista. Una condescendencia desde Cádiz para el que no olvida: «Lo llevo muy dentro de mi corazón». Por eso, reza, y mucho por su Diócesis, justo en los días de mayor intensidad religiosa y cofrade. Esta será la primera Semana Mayor de Antonio Ceballos lejos de Cádiz. El hombre santo en su forma de vida, austero por principio, encara hoy una semana distinta, en su Jaén natal. A cientos de kilómetros, Rafael Zornoza también está a punto de vivir días especiales. El ‘adiós’ de Ceballos y el ‘hola’ de un nuevo obispo que vivirá su primera Semana Mayor en la ciudad.

Uno y otro tendrán una agenda bien distinta. El actual prelado de Cádiz repartirá su agenda entre Cádiz y Ceuta. De hecho, tanto hoy (en la Bendición de Palmas) como mañana (en la Misa Crismal) estará en Ceuta. De vuelta a la capital presidirá todas las celebraciones de la Semana Santa en la Seo: la Misa Crismal del Miércoles Santo (a las 11.30 horas), la Misa de la Cena del Señor del Jueves Santo (a las 18.00 horas), la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo del Viernes Santo (a las 17.30 horas), la Vigilia Pascual del Sábado Santo (a las 23.00 horas) y el Pontifical de la Resurrección a las 12 de la mañana del domingo. Una intensa agenda que marcará la forma en la que Zornoza tendrá su primera toma de contacto con la Semana Mayor de Cádiz. Un año en el que el Bicentenario marcará la cita cofrade con una Procesión Magna el Sábado Santo.

Precisamente, en la distancia Ceballos no puede evitar acordarse del Bicentenario. Una celebración que en su visión eclesiástica y cofrade, impulsó, como él mismo recordó con este medio. Sin embargo, este año sus menesteres estarán bien lejos de Cádiz. En concreto, servirá a la Diócesis de Jaén en sus necesidades. «Voy a pasar una parte en las Hermanas de los Pobres y otra en otro lugar debido a la falta de sacerdotes», explicó el propio Ceballos.

Esa segunda parte de la celebración de la Pasión la celebrará en un monasterio de una pequeña pedanía de Jaén, envuelto en la humildad y el silencio por la que el prelado siempre ha apostado en su vida. Eso sí, desempeñará este servicio a la Iglesia sin olvidarse de su Cádiz del que tiene «unos recuerdos imborrables».

Memoria de unas Semanas Santas que ya pasaron y para las que Ceballos no quiere centrarse en una evocación concreta más allá de revivir «estar allí con toda la gente de Cádiz». «Todos esos recuerdos los llevo muy dentro de mi corazón», reconoció con emoción. Un sentimiento que lleva con la claridad de tener «muy asimilado» su papel de obispo emérito. Desde ese cargo y en Jaén, en estos días, Ceballos hará como cada día «pedir mucho por los gaditanos». Los mismos a los que, aprovechando la llamada de este medio, les envió sus saludos y oraciones junto a un mensaje: «Que vivan la saben vivir en estos días». Mientras, él rezará en su capilla, como ayer, como mañana, como justo en le momento en el que una llamada desde Cádiz le perturbó su retiro de oración.

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