OBITUARIO: JOSÉ VIZO MÉNDEZ, CANÓNIGO DE LA IGLESIA CATEDRAL

JOSÉ ANTONIO H. GUERRERO / MCS-OBISPADO

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Los murmullos de leve inquietud por el retraso del comienzo de la misa que presidiría el Obispo en la Catedral, se transformaron en una honda sacudida de conmoción cuando el padre Marcelino Martín informó, desde el presbiterio, que el canónigo José Vizo Méndez acababa de fallecer en la sacristía. Fue inevitable que, durante la media hora de espera, los asistentes nos transmitiéramos en voz baja la dolorosa sorpresa que la luctuosa noticia nos había causado, y no pudimos resistir la tentación de intercambiar informaciones sobre su dilatada vida, sobre sus diversas tareas ministeriales y sobre los peculiares rasgos de su perfil sacerdotal.

A lo largo de sus variadas e intensas actividades, desarrolladas en La Estación de San Roque, Vejer de la Frontera y Cádiz, el padre Vizo, durante cerca de sesenta años, ha llenado el espacio y el tiempo de nuestra Iglesia gaditana con el testimonio de una vida elemental y sencilla. Siempre nos llamó la atención su forma, intensamente vital, de generar un cálido y confortable clima fraternal, y una densa atmósfera cordial en los diferentes cargos pastorales. Sensato y razonable, intenso y disponible, estricto y detallista, concedía importancia –como él afirmaba con frecuencia-, a las “pequeñas cosas importantes”. Por eso, explicaba, “vivía con plenitud los momentos vitales de su ministerio sacerdotal”.

Permanentemente atento a todo lo que pasaba en su entorno, este hombre íntegro, sin doblez, valiente, osado y declarado enemigo de las medias tintas, estaba especialmente dotado de una notable habilidad para colorear los tiempos oscuros y los espacios grises. Si algo caracterizaba a este singular cura linense, por encima de otras cualidades, era el vigor con el que encaraba las dificultades de la vida, la fortaleza con la que afrontaba las adversidades y la firmeza con la que defendía sus convicciones. Vigor, fortaleza y firmeza eran los exponentes de la amplitud y de la densidad de su vida interior. A lo largo de su dilatada vida pastoral no paró de nutrir su mente de ideas, de proyectos y de ilusiones que, progresivamente, se hacían más compactas, más sólidas y más consistentes. Y es que su entusiasmo estaba apoyado en la confianza de la validez actual de los valores evangélicos, y su reciedumbre estaba curtida en duras luchas libradas, a veces, en circunstancias adversas. Que descanse en paz.

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