CARTA DE UN MISIONERO GADITANO EN INFOCATÓLICA

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En defensa del P. Christopher Hartley

Antonio Diufaín, sacerdote gaditano

Antonio Diufaín, sacerdote gaditano

Querer convertir un problema de flagrante injusticia social y laboral, en una cuestión de antidominicanismo, como parecen pretender con sus declaraciones algunas autoridades civiles y eclesiásticas, no es más que un despropósito, que con la excusa ultranacionalista y patriotera –que no, patriótica–, busca desviar la atención del centro del problema.

Ante las declaraciones del Cardenal de Santo Domingo aparecidas en infoCatólica: “El cardenal López Rodríguez arremete contra un sacerdote que denuncia a las azucareras”

Soy el P. Antonio Diufaín Mora, sacerdote  y misionero de la Diócesis de Cádiz y Ceuta (España), compañero del P. Christopher Hartley y expulsado junto con él en septiembre de 2006, después de más de 11 años de misión (los mejores de mi vida sacerdotal), por el obispo de la Diócesis de San Pedro de Macorís, de la República Dominicana.

Actualmente llevo casi cinco años de misionero en la Prelatura de Moyobamba, en la selva peruana.

Mi antigua parroquia en el este de la República Dominicana –San Antonio de Padua, de El Puerto– era vecina de la del P. Hartley (San José, de Los Llanos), ambas con gran número de bateyes del Estado (CEA) y de empresas privadas (Viccini y otros) en sus territorios.

En mis casi veinticinco años de sacerdote y diecisiete de misionero, he podido conocer diversos países de Europa, América, África y Oriente Próximo, y en ningún lugar he visto la miseria dramática y las dolorosas injusticias que se ven en los bateyes de la Región Este de la República Dominicana.

Las denuncias realizadas, y no solamente por el P. Christopher Hartley, contra la industria azucarera dominicana, por las graves injusticias cometidas contra sus trabajadores, ni son una “campaña contra” nadie, ni buscan “desacreditar a un país” ante los foros internacionales, ni quieren decir que se “dirijan ataques” a la República Dominicana, ni son contra “los dominicanos”, ni son parte de “un plan secreto para la unificación de la isla”, ni pretende cargar a la República Dominicana con la solución de los problemas del vecino Haití; sino que, simplemente, son la denuncia de las graves injusticias laborales y sociales cometidas durante muchos años por las empresas cañeras (públicas y privadas) y amparadas por las autoridades del país, contra sus propios trabajadores, haitianos y dominicanos. Porque estas injusticias también afectan a una gran cantidad de dominicanos trabajadores de los ingenios azucareros y moradores de los bateyes. Ésta y no otra es la cuestión.

La gravedad de las injusticias cometidas y la responsabilidad de subsanarlas no queda compensada ni disminuida por la gran labor de ayuda del Gobierno y del noble y querido pueblo dominicano al vecino país de Haití.

Querer convertir un problema de flagrante injusticia social y laboral, en una cuestión de antidominicanismo, como parecen pretender con sus declaraciones algunas autoridades civiles y eclesiásticas, no es más que un despropósito, que con la excusa ultranacionalista y patriotera –que no, patriótica–, busca desviar la atención del centro del problema.

Y el problema es que hay grandes intereses personales y económicos en juego, baste saber como ejemplo que el mencionado Ministro de Asuntos Exteriores de la República Dominicana es uno de los grandes accionistas de una de las mayores azucareras del Este.

De todos modos, que un ministro del Gobierno, sin escrúpulos y con intereses personales en el asunto, defienda a las azucareras y ataque al P. Christopher, se puede entender fácilmente. Lo que me resulta imposible de entender, y me parece que a muchísimos dominicanos tampoco, es la reacción del Sr. Cardenal de Santo Domingo. Duele mucho leer sus declaraciones, aparecidas en distintos medios, en las que, en lugar de reclamar el fin de las injusticias cometidas en su país contra sus feligreses, defiende a las empresas que las cometen y a las autoridades que las amparan, descalificando públicamente al sacerdote que las denuncia. Aquí si que no se entiende ni el motivo ni la finalidad de sus palabras. Ésta si que no parece una actuación muy digna de un sacerdote, aunque sea Cardenal, con todo respeto, eminencia.

Dios bendiga y la Virgen de Altagracia ampare al querido pueblo dominicano.

P. Antonio Diufaín Mora

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Un pensamiento en “CARTA DE UN MISIONERO GADITANO EN INFOCATÓLICA

  1. Comparto en gran medida esta carta del presbítero Antonio Diufaín Mora, pues llevo muchos años trabajando en la provincia de La Altagracia (R.Dominicana) próxima a la provincia de San Pedro de Macorís, donde Diufaín misionó durante su estancia en esta república caribeña. Efectivamente, las injusticias, la segregación, el trato casi esclavista que sufren en R.D. los haitianos o habitantes de los guetos llamados “bateyes” clama al cielo y pocos sacerdotes han tenido la valentía de denunciarlo, entre ellos Christopher Hartley, y cuando lo han hecho se han topado en primer lugar con el rechazo y la indignidad de sus propios jefes u obispos, que en lugar de apoyarlos los dejan solos, abandonados o le ordenan que abandonen las diócesis y el territorio, porque los jerarcas dominicanos del cristianismo no quieren allí en sus dominios a personas venidas de fuera que les hagan de profetas denunciadores; cuando se da el caso, de una vez les surge su patrioterismo dominicano, se olvidan de que un ser humano lo es independientemente del lugar de la Tierra donde se encuentre, del color de su piel o de sus creencias, y se alian con el poder del dinero y de los todopoderosos del ganar dinero a costa de reventar a seres humanos, antes que con el espíritu de Jesús de Nazaret o de su mensaje, del cual dicen ser sus representantes o sucesores.

    Todos sabemos que desde hace mucho tiempo el dinero se ha alzado como el dios de la modernidad y como medio primario de la síntesis social. A partir de ahí, el poder de unión y de relación del dinero ha sustituido funcionalmente al de la profecía evangélica o cristiana también entre los que dizque son representantes de Cristo, la prueba de ello es el mismísimo cardenal dominicano Nicolás de Jesús López Rodríguez, máximo jefazo y mandamás de la Iglesia Católica en R.D., que a todas luces resulta ser un tipo más indentificado con el Sumo Sacerdote Caifás de Jerusalén que con el profeta Jesús de Nazaret, por más que diga, rediga y se declare seguidor suyo, no hay más que verlo en su comportamiento de vanidad, parafernalia, tinglado faraónico y maridaje la más de amistoso con los poderes y dioses cabrones que subyugan y explotan a los más pobres por estos lares.

    Es más, el presbítero Durfaín critica al cardenal López Rodríguez y no mienta al obispo de la diócesis donde él vio todos esas violaciones de los derechos humanos básicos de los haitianos en los “bateyes”, pero también el obispo de esa diócesis, Francisco Ozoria Acosta, se pone de parte de los potentados explotadores de los pobres, antes que a favor de éstos o de los profetas que surgen defendiéndolos. En gran medida, los líderes religiosos sacerdotales, están más relacionados amistosamente con los grupos insertos en las altas finanzas o en los lugares del poder político que con los profetas que defienden y se juegan la vida en defensa de los torturados. Por esto no es de extrañar que los obispos y alto clero católico o cristiano fijen su residencia en barrios de clase alta-rica y tengan cantidad de criados (fieles del sistema u ordenación católica) que usan como sirvientes personales de sí mismos en lugar de como sirvientes de los más pobres. Es decir, reproducen el mismo esquema y los modos de vida de las clases ricachonas dominantes a las que desde antaño han denunciado con “parresía” los profetas. Pero eso sí, estos cléricos de alto postín y aliados con el poder del dinero antes que con el poder profético o espiritual, necesitan a los pobres y hablar continuamente de la caridad como una manera de significarse en el buen camino. Es lo que hay, tanto si nos gusta como si no.

    Fej Delvahe
    (teólogo)

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