Se realizó la primera “Marcha Vocacional” del Seminario Diocesano “San Bartolomé”

P. José Antonio Medina Pellegrini / GABINETE MCS

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El pasado sábado 17 de noviembre se realizó la primera marcha vocacional organizada por el Seminario Diocesano “San Bartolomé”. De la misma participaron jóvenes (a partir de los 16 años) con inquietud vocacional y también aquellos que quisieron profundizar en el seguimiento y amistad con Cristo.

Estas marchas son momentos de reflexión sobre la vida del joven y el papel de Dios en ella; también pueden ser un momento de encuentro con el Señor y con otros jóvenes que quieren hacer un camino serio de fe.

Se realizó desde la parroquia del Divino Salvador de Vejer de la Frontera al santuario de Nuestra Señora de la Oliva. Comenzando a las 10.00 horas y concluyendo con la celebración de la Santa Misa en el santuario.

A Cristo por María

Así titula Gerardo de la Hoz Corrales, seminarista de 4º año de nuestro seminario, la crónica de las vivencias de esa marcha por él vivida y compartida:

Es el mensaje que el sábado 17 de Noviembre nuestro Seminario San Bartolomé junto a un grupo de jóvenes contemplamos en la entrada del Santuario de Nuestra Señora de la Oliva al comenzar nuestra “Marcha Vocacional”.

La peregrinación comenzó desde la parroquia del Divino Salvador (Vejer) donde su párroco (P. Antonio) y vicario (P. Pedro Pablo) nos recibieron con mucha alegría y fraternidad. Juntos realizamos las laudes y una vez dadas unas pistas para el camino nos pusimos en marcha.

Durante el camino profundizamos en la vocación de Abraham. Al igual que Dios le pidió a nuestro padre en la fe seguirle así también nosotros, caminando de dos en dos, compartimos la llamada que Dios nos hace a cada uno de nosotros a través de Jesucristo “Camino, Verdad y Vida”.

En nuestro peregrinar realizamos el rezo del Santo Rosario encontrando en la Virgen María una compañera de camino y un ejemplo en nuestro seguimiento. Le pedimos a nuestra Madre que interceda por nosotros para que seamos vigilantes, pues solo el que ha descubierto un gran amor es capaz de custodiarlo.

Una vez en el Santuario celebramos la Eucaristía, fuente y cumbre de la vida cristiana. Al finalizar almorzamos unos bocatas además de una diversidad de dulces con los que nos obsequio el sacerdote de Cantarranas (P. Juan).

En definitiva un día de convivencia en el Señor, es decir, un día de felicidad y salvación.

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