“La mejor obra de caridad que se puede hacer es dar un trabajo a una persona”. Cardenal Mons. Carlos Amigo Vallejo

Gabinete Prensa-Cádiz y Ceuta

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entrevista_mons_carlos_amigoAprovechando su estancia en Cádiz con motivo de la inauguración del Ciclo de Conferencias “La fe te hace llegar”, el cardenal Mons. Carlos Amigo Vallejo, nos recibe, tras concluir su ponencia “Fe, Cultura y Año de la Fe”, en uno de los recién restaurados salones del Oratorio de San Felipe Neri.

A pesar de haber estado disertando sobre la fe y la cultura casi una hora, Mons. Amigo, nos atiende muy amablemente y sin ninguna prisa, algo que nos sorprendió, sobre todo porque al día siguiente debía tomar un vuelo a Perú. El arzobispo emérito de Sevilla, incluso se muestra interesado por la realidad social de Cádiz y su provincia, haciéndonos algunas preguntas al finalizar la entrevista.

Pregunta – Acaba usted de abrir el Ciclo de Conferencias “La fe te hace llegar” ¿Adónde nos puede “hacer llegar” este tipo de actos que intentan abarcar distintos asuntos de la sociedad actual en este Año de la Fe?

Respuesta-  Sobre todo el acercamiento de las personas y el acercamiento de las ideas. Un gran problema es el desconocimiento, a veces recíproco, y cuando las personas no se relacionan es muy fácil que venga el prejuicio o la indiferencia o mucho peor sería la enemistad y este tipo de actividades ayudan muchísimo a conversar y a valorar más el diálogo, que, por otra parte, es el tema de este año sobre la fe y la cultura.

P- Sabemos de su constante presencia en la Iglesia de Hispanoamérica ¿Qué diferencias observa entre la fe de allí con la de nuestro país?

R- Más que hablar de nuestro país, hablaríamos de Andalucía y de Extremadura, y particularmente en Andalucía de la parte occidental. De esta zona salieron muchas personas al otro continente y se llevaron sus sentimientos, sus afectos y su fe. Por ejemplo estás en la Iglesia de San Pedro en Lima (nos comenta que al día siguiente viaja a Perú) y uno no sabe si está en una iglesia de Cádiz, Jerez o Huelva, porque todo son elementos e imágenes que te recuerdan a las costumbres de aquí. Esto sucede porque la gente se llevaba con su fe la forma de expresarla y existe mucha relación; por ejemplo todo lo que se refiere a la religiosidad popular, con matices propios de cada pueblo, pero indiscutiblemente con una gran fuerza de fe y evangelizadora.

P- ¿Cómo ve usted a los jóvenes de hoy en cuanto a compromiso de fe se refiere?

R- Estamos observando cómo entre los jóvenes se ha despertado una gran sensibilidad con la ayuda a los demás. En cuanto se promueve una campaña de ayuda, la campaña de Manos Unidas de ayuda contra el hambre, los distintos proyectos de Cáritas, la mayor parte de personas que se ofrecen voluntarias son jóvenes. Quizás les falta esta dimensión de la fe y tener una visión más trascendente en este sentido, que es, al mismo tiempo muy necesaria, porque no sólo se trata de ayudar, sino también de recibir a la persona y ayudarle a que sea persona en todos los aspectos de su vida.

P- Ha ofrecido usted la conferencia en un entorno tan singular como es el Oratorio de San Felipe Neri, emblema de la Constitución de 1812. ¿Qué supuso para la Iglesia este acontecimiento, en el que fue uno de los protagonistas destacados?

R- Fue un revulsivo muy grande. La gente se dio cuenta de que tenía que dialogar y abrirse a los demás. La gente no podía estar dominada por otras personas, tenía que existir una democracia, en el amplio sentido de la palabra, donde se escuchara la voz de todos y que las cosas que a todos pertenecían, entre todos había que decidirlas. Los derechos humanos y el bien común como patrimonio de la patria son elementos muy importantes y la Iglesia tomó para su doctrina social además del Evangelio la realidad política de los países.

P- Está usted en Cádiz, a la que muchos ya llaman “la capital del paro” ¿qué puede decirle la Iglesia a la sociedad española en estos momentos en los que la pobreza se multiplica con el paso de los días?

R- Que es una lacra, que de ninguna de las maneras podemos contentarnos con ella y que, indiscutiblemente, en estos momentos la mejor obra de caridad que se puede hacer es dar un trabajo a una persona, para que pueda ganarse el pan de cada día y vivir con la dignidad que a cada hombre o mujer le corresponde.

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