Tiempo para fijar los ojos y el corazón en Cristo, centro de nuestra vida cristiana

P. Ignacio S. Galán s.m. / Opinión / Gabinete Prensa-Cádiz y Ceuta

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  • Comienza la Cuaresma. El P. Ignacio Sánchez Galán nos deja su reflexión, hoy miércoles de ceniza.
  • A las 19.00 horas en la Catedral de Cádiz el Deán, Rvdo. P. Guillermo Domínguez Leonsegui, presidirá la celebración.

Por: P. Ignacio Sánchez Galán sm. Religioso marianista de San Felipe Neri (Cádiz)

Acabamos de escuchar las últimas coplas de la gran final del concurso de agrupaciones del Falla y todos los gaditanos nos echamos a la calle para vivir el carnaval. El pregonero está a punto abrir la fiesta en la Plaza de San Antonio y los niños sueñan con disfrazarse y ver un año más la cabalgata que tiñe de color y de alegría la Avenida y el Casco Antiguo. Las bateas de los coros lanzan sus tangos a los cuatro vientos y nos aprestamos “a escuchá” el amor fino de las ilegales en el Pópulo o en la Viña. En medio de toda esta algarabía irrumpe doña Cuaresma que en Cádiz, ciudad del respeto y de la tolerancia, debe convivir con don carnal por unos días.

¡Ya es miércoles de ceniza! y devotamente nos acercamos a recibirla. La ceniza es un signo de penitencia muy fuerte en la Biblia (cf. Jn 3, 6; Jdt 4, 11; Jer 6, 26). Recuerda una antigua tradición del pueblo hebreo, que cuando se sabían en pecado o cuando se querían preparar para una fiesta importante en la que debían estar purificados se cubrían de cenizas y vestían con un saco de tela áspera. De esta forma nos reconocemos pequeños, pecadores y con necesidad de perdón de Dios, sabiendo que tenemos necesidad de convertirnos y creer en el Evangelio.

El Pueblo de Dios tiene un particular aprecio por el miércoles de ceniza: sabe que ese día comienza la Cuaresma. Y participando del rito de la ceniza –acompañado del ayuno y la abstinencia- manifiesta el propósito de caminar decididamente hacia la Pascua. Ese recorrido pasa por la conversión y la penitencia, el cambio de vida, de mentalidad, de corazón.

La ceniza está hecha con ramos de olivos, bendecidos el año precedente en el domingo de Ramos, siguiendo una costumbre muy antigua, del siglo XII. El domingo de Ramos eran ramas que agitábamos en señal de victoria y triunfo. ¿Y ahora? Esas mismas ramas se han quemado y son ceniza: lo que fue signo de victoria y de vida, ramas de olivo, se ha convertido pronto en ceniza. Así es todo lo creado: vida, gozo, victoria, polvo, ceniza y nada.

El rito es muy sobrio: el sacerdote impone la ceniza a cuantos se acercan a recibirla, mientras dice una de estas dos fórmulas: “Acuérdate que eres polvo y al polvo volverás” o “Conviértete y cree en el Evangelio”. La primera es la clásica y está inspirada en Gn 3, 19; la segunda es de nueva creación y se inspira en Mc 1, 15. Las dos se complementan, pues mientras la una recuerda la caducidad humana –simbolizada en el polvo y la ceniza-, la otra apunta a la actitud de conversión interior a Cristo y a su evangelio, actitud específica de la Cuaresma.

La Cuaresma ha vivido una renovación muy profunda tras el Vaticano II. La Constitución “Sacrosanctum Concilium” (nn. 109-110) considera que la Cuaresma es el tiempo litúrgico en el que los cristianos nos preparamos a celebrar el misterio pascual, mediante una verdadera conversión interior, el recuerdo o celebración del bautismo y la participación en el sacramento de la Reconciliación. Para conseguir estos fines, la Iglesia pide a sus hijos que nos dediquemos a la escucha más intensa de la palabra de Dios, a la oración personal y comunitaria y, por último, a la práctica de la limosna y el ayuno.

La celebración honda y serena de la muerte y resurrección de Cristo es la meta que persigue la Cuaresma. La Iglesia quiere que durante este tiempo los cristianos tomemos más conciencia de las exigencias que para la propia vida se derivan de la Pascua de Cristo que es el centro de toda vida cristiana. No se trata de prepararse para celebrar un mero recuerdo, sino de una auténtica participación en la muerte y resurrección de Cristo mediante el bautismo y una reflexión acerca de nuestra propia vida que es también una pascua, un paso, de la muerte a la vida.

Podemos proponernos o poner en marcha algunas iniciativas sencillas que nos ayuden. Tener en todos los hogares de la Diócesis el llamado “evangelio del día” que leído y meditado nos ayudará a hacernos semejantes a Cristo. Los sacerdotes podemos estar más disponibles para celebrar el sacramento del perdón demandado con más insistencia por los fieles en este tiempo, podemos también poner en marcha iniciativas de solidaridad en nuestros barrios tan duramente castigados por la crisis y el paro. Nuestras celebraciones litúrgicas deben ser bien preparadas por el presbítero y los equipos de liturgia y tendrían que ser espacios y tiempos para la serenidad, la belleza, la reflexión y el encuentro alegre con Cristo Jesús.

¡Feliz cuaresma y FELIZ PASCUA a todos!

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