“Gracias”

Antonio Montero / OPINIÓN / Gabinete Prensa-Cádiz y Ceuta

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Autor: Aurelio Bascones / Obispado Cádiz y Ceuta.

Autor: Aurelio Bascones / Obispado Cádiz y Ceuta

Ha sido la expresión más repetida por Benedicto XVI en todas sus intervenciones públicas, pronunciada con una mirada tímida pero segura. Con ella ha logrado silenciar a su auditorio, con la brevedad de esta palabra sencilla pero profunda, retomando su discurso con normalidad, sabiendo que él es sólo “un humilde trabajador en la viña del Señor” y que “es Cristo quien dirige la nave de la Iglesia”. Un papa que ha sabido transmitir la esencia de la fe, con caridad, sin perder la esperanza depositada en Dios.

Quizás el momento que mejor pueda resumir su ministerio petrino tuvo ocasión el pasado miércoles de cenizas en la basílica de San Pedro. Cuando logró calmar la emoción de sus fieles diciendo: “gracias, volvemos a la oración”, viendo que se prolongaba demasiado el famoso aplauso tras su última homilía. Esta vuelta a lo esencial, a la Palabra, al servicio humilde en la Iglesia, tiene como alimento “el primado de la oración” y los sacramentos. Esta ha sido su constante durante los casi ocho años de pontificado. Por esto ha sabido ser un auténtico papa, fiel a la Iglesia e innovador, incluso con su renuncia. Nunca huyó de los problemas internos sino que, al contrario, intentó siempre purificar la nave de Pedro desde dentro con firmeza y valentía. Ha tenido siempre muy claro lo que había que hacer y lo ha sabido trasmitir con su testimonio y su honestidad.

Muchas cosas se han dicho de él desde aquél 19 de abril de 2005 y, sin embargo, pocas veces le han pedido perdón. Ni siquiera los que, desde dentro de la Iglesia, se han considerado más “papistas que el papa” (“papólatras” dice un compañero sacerdote y periodista) y que ahora le han acusado de no ser fiel a la tradición. Pero la sencillez y humildad de un hombre de Dios rompe con los estereotipos artificiales de los hombres. Diego Contreras, periodista y profesor de la Pontificia Universidad de la Santa Cruz en Roma, lo ha sabido resumir muy bien en su último post titulado: “por favor, que alguien le pida perdón a Benedicto XVI” (La Iglesia en la Prensa, 27-02-2013): “de profesor al que nadie le entendería (véase el encuentro con niños de primera comunión); que estaría encerrado en el Vaticano (24 viajes internacionales); que carecía de carisma para la juventud (tres JMJ con record de asistencias); que era poco dialogante con otras religiones (ha llevado a nuevos niveles las relaciones con los hebreos y musulmanes); y también poco abierto intelectualmente (ningún papa antes había merecido tanta atención por parte de intelectuales no cristianos)”. 

Por estos ocho años, por saber ejercer tu libertad de conciencia ante Dios, por fiarte de Él antes que de los hombres y por mucho más, ahora soy yo quien te dice: gracias, Benedicto, “que Dios te recompense” y perdón.

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