Carta para el Día del Seminario 2013

Gabinete Prensa-Cádiz y Ceuta

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Mons. Zornoza se dirige a los diocesanos en el Día del Seminario.

Queridos amigos, fieles diocesanos, muy especialmente jóvenes y niños, sacerdotes y responsables de la evangelización, muy queridos padres de familia, ancianos y enfermos, monasterios de clausura y religiosos, hermanos todos:

He querido nombraros así, uno por uno, porque las vocaciones sacerdotales son el fruto sorprendente y admirable de la entrega de todos y cada uno de vosotros que cooperando con la gracia del Espíritu Santo permanecéis en Cristo por la fe y dais mucho fruto por la caridad. Esa caridad que -como Benedicto XVI recordaba poco antes de su retiro- consiste principalmente en dar a Cristo ¿pues qué mayor caridad podemos tener con alguien que darle el sentido de su vida? Efectivamente la amistad con el Salvador es la respuesta a la pregunta fundamental de la vida que tiene todo hombre y especialmente cada joven y que se podría expresar con aquellos versos de Antonio Machado:

¿Mí corazón se ha dormido?
Colmenares de mis sueños,
¿ya no labráis? ¿Está seca
la noria del pensamiento,
los cangilones vacíos,
girando, de sombra llenos?

No; mi corazón no duerme.
Está despierto, despierto.
Ni duerme ni sueña; mira,
los claros ojos abiertos,
señas lejanas y escucha
 a orillas del gran silencio.

Así está el corazón de muchos de nuestros jóvenes, parece que duerme pero no es así. “Está despierto, despierto”  con los ojos bien abiertos esperando esas señales que vengan del otro lado de la orilla del Misterio porque intuyen que sólo de allí puede venir la respuesta a su pregunta: ¿Quién soy? ¿Para qué existo? ¿Cuál es mi misión en esta vida? Los cristianos hemos aprendido que ese propósito o sentido de la vida se llama vocación porque coincide con la llamada (vocare en latín es llamar) que Cristo hace a cada hombre pues en Él se ha manifestado el misterio de la existencia de cada uno de nosotros. Sí, realmente el Misterio ha cruzado el mar impenetrable que nos separaba por nuestra rebeldía y ha querido llevarnos con Él. Y en esa misión de rescate nos ha querido implicar en la salvación unos de otros. Nos pide que le ayudemos a salvar. Esa es la preciosa misión de todos los cristianos pero especialmente de los sacerdotes.

El que se deja enrolar en esta aventura ya no encontrará descanso, ni nada propio, ni vida privada, ni un sitio donde reclinar la cabeza. La promesa de obediencia y de celibato de los presbíteros es expresión de una vida expropiada, enamorada, arrebatada por el amor de Cristo que le urge y le envía a la gente. Por esto los fieles amáis a vuestros sacerdotes y al Seminario donde son forjados para ser santos, pastores según Su Corazón. Y por eso apoyar con vuestro dinero y vuestra oración, acompañar a los llamados con vuestro afecto, proponer a los jóvenes que veáis más idóneos para esta misión o simplemente ofrecer en vuestro corazón a vuestros hijos, nietos o catecúmenos es el mejor favor que les podéis hacer a ellos, al mundo y a Dios.

El amor de Cristo nos urge. “Sé de Quién me he fiado” es el lema de la campaña vocacional de este Año de la Fe. Quien arriesga por Cristo no pierde nada, lo gana todo. Sólo necesita que Le creamos de verdad.

Agradezco vuestra oración, afecto y ayuda tan generosa y os animo para que lo sea aún más pues si Él no se reservó nada por nuestra salvación ¿Cómo no haremos nosotros lo mismo por Él?

Os bendigo de todo corazón.

+ Rafael Zornoza Boy, Obispo de Cádiz y Ceuta

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