Los obispos de Cádiz y Gibraltar

Francisco G.Conde/La Voz de Cádiz

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El actual obispo de Gibraltar, Ralph Heskett, junto al arcipreste de La Línea, Juan Valenzuela. Foto: La Línea Digital.

El actual obispo de Gibraltar, Ralph Heskett, junto al arcipreste de La Línea, Juan Valenzuela. Foto: La Línea Digital.

Como es sabido el 4 de agosto de 1704, una escuadra combinada anglo-holandesa al mando de Sir George Rooke tomó la ciudad de Gibraltar, amputación territorial que España sigue sintiendo hasta nuestros días y fue recogida por el Tratado de Utrecht hace ya 300 años.

En este contexto, con un poder político hostil en este municipio que espiritualmente seguía dependiendo de la diócesis de Cádiz, los prelados gaditanos debieron de luchar por mantener su jurisdicción espiritual sobre la Roca.

Ya desde los primeros momentos, ante la pérdida de la ciudad del Peñón, sabemos que nuestro obispo Fray Alonso de Talavera (1696-1714) mandó establecer sacerdotes para una atención espiritual y material de los refugiados en San Roque y Los Barrios, municipios donde se habían refugiado los gibraltareños. La documentación que el Padre Pablo Antón Solé trabajó en el Archivo Diocesano de Cádiz constata este celo espiritual de este prelado gaditano de origen castellano-manchego.

Recordemos que aunque el Tratado de Utrecht firmado el 13 de julio de 1713 concedía a los habitantes de Gibraltar el libre ejercicio de la religión Católica, es importante señalar que si bien en un primer momento los británicos reconocieron la primacía del obispo gaditano sobre los católicos gibraltareños permitiendo incluso la entrada del obispo D. Lorenzo Armengual de la Mota (1714-1730) en abril y octubre de 1717 en el marco de su visita pastoral a su diócesis. Las impresiones del prelado tras trece años de ocupación eran bastante alarmantes.

Al igual que su predecesor Fray Tomás del Valle (1730-1776) se preocupó por sus feligreses de Gibraltar. Entre la documentación que se conserva en la Sección Gibraltar del Archivo Diocesano de Cádiz, encontramos una carta escrita por nuestro prelado al rey Felipe V en la que se quejaba por el desamparo espiritual de los católicos del Peñón, misiva en la que tras culpar de este mal estado a un religioso franciscano de 80 años, expresaba al rey la conveniencia de una visita suya personal a la plaza. La carta, aunque sin fecha, debió ser escrita en torno a 1733, ya que en enero de 1734, José Patiño escribía al nuncio comunicándole que el rey le había mandado gestionar con el ministro de Inglaterra el permiso de la visita del obispo a Gibraltar.

Las autoridades británicas no sólo no admitieron la visita de los sucesivos obispos gaditanos del XVIII, sino que tampoco admitirían a sus vicarios nombrando los gobernadores a clérigos de Mahón (Menorca), violando el Tratado de Utrecht al intentar separar a los católicos gibraltareños de su obediencia al prelado gaditano pretendiendo depender directamente de la Santa Sede.

Por documentación que se conserva en el Archivo Secreto Vaticano y en el Archivo Diocesano de Cádiz, sabemos que los gobernadores británicos comenzaron a traer sacerdotes católicos de Mahón (Menorca), recordemos que también bajo dominio inglés (hasta el tratado de Amiens en 1802), situación que advertida por el comandante general del Campo de Gibraltar D. Joaquín de Mendoza Pacheco fue transmitida a nuestro prelado dominico.

Esta situación se hizo crítica cuando en 1773 el gobernador de Gibraltar Robert Boyd dispuso que no se elegiría vicario de las iglesias del Peñón a eclesiástico que no fuera súbdito del rey de la Gran Bretaña. Esta medida limitó aún más la jurisdicción de los obispos de Cádiz sobre la ciudad del Peñón. Otro documento del Archivo Secreto Vaticano: la Visita Ad Limina Apostolorum del Obispo D. José Escalzo y Miguel (1783- 1790) memoria del estado de la diócesis gaditana al Papa Pío VI (1775-1799) constata el precario estado de la religión católica en el Peñón y la preocupación del obispo gaditano.

En los años sucesivos estas disposiciones más los prolongados periodos bélicos entre España e Inglaterra consolidaron de facto esta separación. Sin embargo, la segregación definitiva llegaría a comienzos de la centuria decimonónica, en 1806.

Al igual que sus antecesores en la mitra, Francisco Javier Utrera, obispo de Cádiz entre 1800 y 1808, intentó hacer valer sus derechos jurisdiccionales sobre los católicos gibraltareños. Con este propósito, en mayo de 1806 escribió al nuncio Monseñor D. Pedro Gravina y Napoli, Arzobispo de Nicea (hermano del famoso marino) solicitando que el nombramiento del vicario de Gibraltar no fuera en contra de su jurisdicción sobre el Peñón, garantizada por los tratados de paz.

Sin embargo, y aún a pesar de todos estos esfuerzos, Gibraltar se separará espiritualmente de la diócesis gaditana con la erección de un Vicariato Apostólico (separado de la diócesis de Cádiz) en ese año 1806. El Papa Pío VII nombraba Vicario General a R.P Isidoro Domínguez. No será hasta el año 1910 en que el Papa San Pío X nombró a Gregory Thompson, Obispo de Gibraltar. En la actualidad es Obispo de Gibraltar S.E. Ralph Heskett, que sucedió en el año 2010 al Obispo Charles Caruana.

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