“Estamos desbordados”

Pablo Manuel Durio / Diario de Cádiz

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  • Los voluntarios atienden cada vez más problemas En La Viña han pasado de 30 familias antes de la crisis a 160 En La Laguna, quien antes colaboraba con Cáritas ahora pide su ayuda

Cada vez más problemas. Cada semana más personas o familias que necesitan ayuda. Cada mes se acumulan más las cuentas pendientes. La labor del voluntario de Cáritas se ha complicado notablemente a consecuencia de la crisis. Tanto, que el informe diocesano del año 2012 ya hace referencia al “agobio, el estrés, el agotamiento y la frustración” entre los agentes que desarrollan casi a diario la labor de esta entidad y que “ven con incapacidad sus posibilidades para hacer frente a la ingente demanda y que se han reducido también las posibilidades de derivar a otros para afrontar problemas de las personas”.

La primera línea de acción de Cáritas, el nivel más próximo al que necesita ayuda, el primer hombro en el que apoyarse, se localiza en las parroquias. Cada una cuenta con un grupo de Cáritas que atiende a los vecinos del entorno. Estos voluntarios son los que peor están llevando las consecuencias de la crisis. Son la cara humana de esas estratosféricas cifras de los informes que siguen año tras año en aumento.

“Estamos desbordados”, afirma sin titubeos la responsable de Cáritas de la parroquia de La Palma (una de las más castigadas), María del Carmen Gámez. Allí, las necesidades de ayuda siempre han sido considerables, pero en los tiempos actuales “el número va in crescendo” a un ritmo posiblemente más elevado del que los voluntarios pueden asimilar. Las cifras del último recuento ya elevan hasta 160 las familias atendidas por Cáritas en La Viña. Antes de la crisis habría unas 30. Espectacular incremento.

Además, Gámez apunta que son alrededor de treinta las familias a las que semanalmente se atiende en el reparto de alimentos. “Lo hacemos los jueves y es habitual que ese día se formen colas de gente esperando pasa ser atendidos”, explica.

Estos son solo algunos de los motivos para esos síntomas que se reflejan en el informe de 2012. “Sí, sí, sí. Claro que hay agobio y estrés. Yo me siento funcionaria. Y como yo, más gente. Cáritas es escucha, acompañamiento. Pero es que lo que una persona necesita que le escuches no tienes tiempo para dedicarle actualmente. Nos limitamos a preguntar qué necesitan, a intentar ayudarle y listo”, comenta María del Carmen Gámez como demostración del incremento de trabajo que están experimentando en esta parroquia de La Palma, donde son diez las personas que forman el equipo de Cáritas; cada uno con un cometido concreto, según explica su responsable. Este problema ya lo han trasladado a la Secretaría General de Cáritas en el último encuentro que mantuvieron, porque no es un mal que afecte solo a los voluntarios de La Viña, sino que se extiende por muchas parroquias de la diócesis.

Tal es la situación que viven los voluntarios, tal la cantidad de “problemones” (en boca de Gámez), cada vez más numerosos y de mayor gravedad, tal la cantidad de horas que necesitan dedicar a su labor estas personas de Cáritas, “que al final terminas llevándote los problemas a casa, porque muchas veces no puedes dar la solución que quisieras”. Porque el cuerpo y, sobre todo, la mente del voluntario cada vez tiene menos soporte.

En un barrio como La Viña puede verse normal que en plena crisis económica y ante los altos índices de desempleo la labor de Cáritas se haya desbordado, de alguna manera. Pero la situación de alarma de la que hablan los responsables de Cáritas en su informe de 2012 se plasma a la perfección en la parroquia de San Servando y San Germán, en La Laguna, que puede ser el ejemplo más impactante de cuál es la realidad en Cádiz.

La Laguna, una zona de clase media-alta, apenas tenía actividad en lo que a Cáritas se refiere. Es más, era una parroquia que colaboraba económicamente con otras cáritas que tenían más necesidades. Pero la crisis ha transformado radicalmente la realidad y los voluntarios de La Laguna también empiezan a recibir más necesidades de las que ellos pueden cubrir.

Tan demoledora es la situación, que se han dado casos de personas que han pasado de colaborar con Cáritas de esa parroquia a necesitar que Cáritas les ayuden. “Pasan una vergüenza y un apuro tremendo”, confirma una colaboradora de este equipo de Cáritas parroquial, María Pepa Ruiz. “Es gente que estaba más o menos bien y ahora se les ha venido todo encima”, explica exponiendo casos de personas o familias que ante la pérdida de empleo no pueden mantener sus casas.

En San Servando y San Germán es la vivienda el principal frente de acción que está teniendo que desarrollar Cáritas. “Realmente no podemos, a pesar de que la gente colabora con nosotros. Si vienen dos alquileres, por ejemplo, a ver cómo podemos ayudar a la gente”, cuenta María Pepa, que explica que la principal (y casi única) fuente de ingreso mensual es la colecta del primer domingo, que se destina íntegramente a Cáritas. “Eso es lo que disponemos para ese mes. Y claro, muchas veces nos vemos limitados”, afirma.

María Pepa Ruiz explica que antes de la crisis eran unas doce o quince personas las que atendía Cáritas en La Laguna. De ahí han pasado a superar las treinta actualmente. “Y todas las semanas viene al menos una o dos familias nuevas para que las atendamos”, cuenta. La principal fórmula de atención que desarrolla este equipo que forman cinco voluntarios es repartir el dinero existente según la familia, su problemática, el número de hijos… Luego se hace un seguimiento tanto a los miembros de esa familia, como a su vivienda y al destino de ese dinero entregado. La comida, por su parte, la entrega la asociación de vecinos.

Estas nuevas familias que semanalmente van llamando a las puertas de San Servando y San Germán son en su mayoría parejas jóvenes, “aunque también hay gente de mediana edad que están pasando fatal porque las perspectivas de encontrar trabajo para ellos es cada vez más difícil”, cuenta María Pepa, que reconoce que aunque “no queremos que estas cosas nos afecten, sí afectan. Lo pasamos mal. Muchas veces no sabemos dónde mandarlos, cómo ayudarlos. Es tremendo”, concluye esta voluntaria de Cáritas, que como en el resto de parroquias de la ciudad (y de la diócesis) semana tras semana va comprobando cómo la situación empeora, cómo los problemas y necesidades aumentan y cómo cada vez es más complicado para ellos dar una efectiva solución a todas las personas que llaman a las puertas de Cáritas.

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