El eco marino de los emigrantes en la frontera de Ceuta

José Luis Pinilla, sj / Periodista Digital

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Recuerdo de niño, cuando mis padres me acercaban a las playas marinas, tomar una caracola, acercármela a la oreja y “escuchar” el sonido del mar.

El sonido que se escucha es en realidad el ruido del entorno, resonando dentro de la cavidad de la concha. Es el mismo ruido en el entorno que produce el flujo de aire, similar al de los océanos. El resonador es simplemente un amplificador de algunas frecuencias existentes en el medio ambiente, incluyendo el aire que fluye dentro del mismo. En mi imaginación infantil creía escuchar en su momento en el interior de la concha marina, la vida latente de las olas, los naufragios y combates navales, las epopeyas del mar de las novelas de Salgari en el mar de las Antillas durante el siglo XVII, época de esplendor de la piratería….

También en mi juventud al llegar a las playas gaditanas creía percibir con el mismo gesto de acércame la caracola a la oreja, todos los ritmos y movimientos de la vida y el alma humanas. ¡Sería que estaba enamorado¡

El jueves 6 de febrero volví a escuchar, en el sonido multiplicado en aquellas conchas de mis años pasados, el mismo eco marino pero esta vez envuelto en gritos de ayuda y de lamento de emigrantes africanos en las costas y fronteras de Ceuta que resonaban mil veces llegando fuertemente, atronadoramente, desde muchos lugares del Sur hacia el Norte, de las Periferias al Centro.

Entremezclados con dichos gritos y lamentos, donde estaban los últimos gritos de las 14, (+ o -) personas ahogándose o muriendo aplastadas, me llegaban también los recientes ecos del pronunciamiento, claro como el agua, de la Iglesia en España (Mensaje de los obispos de Migraciones en la Jornada del Emigrantes) del 19 de enero – hace no más de 20 días- pidiendo formalmente “que no se niegue el auxilio y la asistencia a los inmigrantes en situaciones de peligro para la vida”. Y añadían: “que no se llegue a penalizar la asistencia humanitaria a los mismos para que sean tratados con el debido respeto.”

Sigo escuchando los gritos de estos días, colocando la caracola de la infancia en mi aturdido corazón. Y revivo en mi alma – con el corazón a punto- los signos y las palabras de un Papa venido del fin del Mundo que no quiere inhibiciones ante acontecimientos parecidos – y vergonzosos – a los de Ceuta

Deseo defender siempre, como lo hacen muchos de tantos hombres y mujeres de Iglesia y de la sociedad civil, que se utilicen estándares democráticos en los controles de frontera. Porque el espacio fronterizo no puede ser una negación del espacio de libertad, justicia y seguridad que proclama ser la Unión Europea y que tantas veces olvida. Como decía la Iglesia en Cádiz: ·Solidaridad con las familias de todos estos inmigrantes, y al mismo tiempo denuncia de la muerte de todas estas personas inocentes y las causas que las originan”.

En la voz comunitaria con mis hermanos de la Iglesia gaditana , “demandamos de los Gobiernos de todos los países afectados en estos graves sucesos generados por una inmigración que vive una situación muy desesperada, que se aborden las políticas y los medios necesarios para evitar que se repitan estos dramas y tragedias”. Difícil lo tienen en la Unión Europea tras una reducción drástica de sus presupuestos en políticas migratorias al que solo dedican un 25% para la integración mientras el 75% restante va para políticas de defensa y seguridad

“La hospitalidad implica, siquiera sea en su mínima expresión, no poner en riesgo directo la vida de quienes intentan entrar en territorio español, por más que sea fuera de los pasos fronterizos habilitados y al margen del procedimiento administrativo establecido”, según dicen mis compañeros del SJM.

Y la gravedad de los sucesos de Ceuta es mayor porque nadie es responsable. Siento no recordar el autor de estas palabras que me enviaron estos días: “Este sería el penúltimo capítulo de la Historia del Cinismo. Ni la política internacional ni sus representantes; ni la política europea ni sus representantes; ni la política nacional ni sus representantes; ni los terribles recortes en cooperación; ni las mafias que pululan por doquier; ni las guerras; ni el hambre; ni la desesperación; ni tantas otras cosas……nadie es responsable de 14 seres humanos que han muerto buscando una vida más digna para ellos y sus familias”

¿No habíamos quedado con el papa Francisco en que hay que “misericordiar” con estas y otras miles de vidas ?

¡Ah! me había olvidado que este giro porteño todavía no está en nuestro diccionario vital ¡Pues habrá que darse prisa en introducirlo para amplificar su mensaje , como el sonido marino en las caracolas, porque en su “Evangelium Gaudium” nos está invitando a pasos agigantados a que nos demos cuenta que las periferias ya están entrando en nuestra vida!

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