La restauración integral del Cristo de la Almoraima de Castellar comenzará tras el verano

A.R. / Europa Sur

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  • El sevillano Diego Martínez prevé que los trabajos duren unos cuatro meses La imagen sufre grietas en la policromía sin daños estructurales

La asociación parroquial del Santísimo Cristo de la Almoraima de Castellar de la Frontera afronta uno de los momentos más importantes desde su fundación: la restauración de la imagen de su venerado crucificado tras años de colectas y austeridad en el gasto para poder acometer el proyecto. El colectivo religioso confiará la antiquísima imagen (con más de 400 años) al restaurador sevillano Diego Martínez Amores, con experiencia en la restauración de varias tallas en la provincia y que cuenta con el visto bueno del Obispado de Cádiz y Ceuta. La entidad ha logrado reunir los 14.036 euros en los que se ha tasado, en principio, el encargo.

La entidad que preside José Carrillo prevé que la restauración comience tras el verano, en torno a septiembre -la fecha exacta depende del calendario de trabajo del experto-, y una vez iniciada se prolongue durante unos cuatro meses de forma que pueda estar concluida a principios de 2016. Todo con el objetivo de procesionar sin problemas la próxima Semana Santa y en la posterior romería tras quedarse en el templo en el año 2014 y salir bajo precauciones en este 2015.

Cabe recordar que un primer informe de un restaurador alertó a la asociación sobre el mal estado de la estructura de la imagen, por lo que imperó el principio de prudencia hasta que un segundo examen -el del experto restaurador finalmente elegido- determinó que con precauciones se podía procesionar. El peritaje de Martínez Amores determina que el Cristo sufre problemas principalmente en la policromía, cuarteada y levantada en varios puntos, así como una pérdida de la tonalidad en el color y levantamiento de las capas del estucado, aunque -para la tranquilidad de la asociación parroquial de Castellar- descarta daños en la estructura del Cristo.

La anterior actuación sobre la imagen fue llevada a cabo a principios de los años 80 por Manuel Escamilla, quien pintó la talla con el actual tono de piel (el precedente era más claro). Sin embargo, salvo la factura del encargo (pagado entonces por el Ayuntamiento) pocos documentos más constan sobre este trabajo. Una falta de información que ha dificultado todo el proceso y preparativos porque se desconocían las técnicas y materiales usados por Escamilla.

“La actual restauración se ha planificado al detalle y documentado desde el mismo encargo con el fin de que en el futuro sirva como base para otros restauradores”, apuntan desde la asociación parroquial, donde la ilusión es la tónica dominante entre los 230 hermanos tras haber organizado eventos, rifas y venta de más de un millar de pañoletas para recopilar 13.770 euros (los que hay en la cuenta bancaria hasta el momento). De estos fondos, un total de 6.637 han sido recaudados en actos organizados por la entidad; 3.000 euros por donativos de personas de fuera de Castellar; otros 1.100 euros de donaciones de vecinos chisparreros y 3.000 euros comprometidos por el Ayuntamiento. “Y entre 2014 y 2015 no se han hecho estrenos en las procesiones para poder ahorrar al máximo”, destacan.

Las labores previstas en el informe previo a la restauración por parte de Martínez Amores contemplan una limpieza superficial del polvo y la suciedad, la fijación de los estratos previos de la policromía, así como la consolidación y sellado de grietas y levantamientos. Tras este trabajo previo, el restaurador acometerá el estucado de la policromía, la reintegración cromática y la restauración de la peana original del Cristo (actualmente usa una réplica).

Una vez que concluya la restauración del Santísimo Cristo de la Almoraima, la asociación parroquial aspira a restaurar las otras dos imágenes que originalmente conformaban el retablo del santuario. Se trata de sendas tallas de San Juan Evangelista y una Virgen María (dolorosa). Ambas llegaron junto con el Cristo desde la finca La Almoraima.

Las imágenes han sido retiradas a los salones parroquiales por tener problemas en la madera que pueden afectar a piezas cercanas y, en este caso, la actuación está presupuestada en unos 20.000 euros.

Pero los problemas y los gastos nunca vienen solos. El templo castellarense necesita reformas en la torre, que presenta problemas en el hormigón. Las deficiencias impiden -por seguridad- tocar la campana desde hace prácticamente un año y han obligado a acordonar el perímetro. “La gente ya se ha acostumbrado pero no podemos tocar las campanas para avisar cuando hay fallecidos, por ejemplo”, expone el párroco local.

La iglesia de Castellar, santuario desde el año 2008, data de los años 70 del pasado siglo -al igual que el resto del pueblo nuevo- y, según el informe técnico elaborado a instancias del Obispado, presenta caídas en el hormigón por la mala calidad del material. “Hace unos meses se hicieron unas obras de urgencia y se acordonó el perímetro. Cuando se concluya la restauración del Cristo tocará abordar la reforma de la torre, que es un símbolo de identidad del municipio”, apunta el párroco.

El presupuesto preliminar elaborado por el Obispado apunta a la necesidad de un desembolso de unos 25.000 euros, por lo que la comunidad parroquial deberá emprender de nuevo las colectas y la búsqueda de donativos así como acuerdos con otras administraciones para que el sonido de las campanas vuelva a Castellar.

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